Crónica de la Marcha Universitaria
El 12 de mayo participé de la Marcha Universitaria junto a miles de estudiantes, docentes y trabajadores de la educación que salieron a las calles para defender la universidad pública en la Argentina. La marcha comenzó desde la Facultad de Ciencias Sociales. Fui con una amiga y desde el primer momento se podía sentir que no era una movilización más. A medida que avanzábamos por las calles, cada vez aparecía más gente. Había banderas enormes, carteles hechos a mano, bombos, cánticos y pañuelos de colores con la frase “Educación Pública y Gratuita”. Entre toda esa multitud sobresalían los colores celeste y blanco de las banderas argentinas, como si la defensa de la universidad también fuera una forma de defender parte de la identidad del país. Lo que más me sorprendió fue la cantidad de personas movilizadas por el mismo reclamo. No solo había estudiantes universitarios. También había docentes, jubilados, familias enteras y personas que quizás ni siquiera estaban estudiando, pero entendían que la universidad pública representa una oportunidad para millones de personas. En ese momento entendí que la marcha no se trataba únicamente de un reclamo salarial o presupuestario, sino de una defensa colectiva de un derecho. Mientras caminaba entre la multitud decidí hablar con algunas personas para conocer sus opiniones y experiencias. Uno de los testimonios que más me marcó fue el de Sabrina, estudiante de la Universidad Nacional de La Plata.
“Creemos que es súper importante poner el cuerpo, estar acá, defender nuestra universidad, nuestros derechos y encontrarnos colectivamente también al salir a las calles”.
Sus palabras mostraban algo que se repetía constantemente durante toda la movilización: la idea de que la universidad pública no es solamente un lugar donde se estudia, sino también un espacio de encuentro, formación y construcción social. La marcha no era únicamente un recorrido por las calles de Buenos Aires, sino también una forma de expresar que la educación pública sigue siendo uno de los pilares más importantes para miles de personas. Cuando le pregunté por qué consideraba importante defender la universidad pública respondió:
“Porque nos forma, porque nos hace mejores personas. Creo que la universidad nacional tiene un emblema también nacional que tenemos todos los argentinos. Es un orgullo y es necesario defenderla”.
Ese sentimiento podía verse reflejado en toda la marcha. Muchas personas llevaban carteles que decían que eran la primera generación de universitarios de sus familias. Otras defendían la educación pública porque gracias a ella pudieron acceder a una profesión que de otra manera hubiese sido imposible pagar. La universidad pública en Argentina históricamente permitió que personas de distintos sectores sociales pudieran estudiar y construir un futuro diferente. Por eso, cuando se ajusta el presupuesto universitario, no solamente se afecta a las instituciones, sino también a las oportunidades de miles de estudiantes. Actualmente la situación de las universidades públicas y de la docencia universitaria atraviesa un momento crítico. Según datos difundidos sobre la situación salarial docente en marzo de 2026, numerosos cargos con dedicación exclusiva se encuentran por debajo de la línea de pobreza. Además, en los últimos diez años hubo una pérdida sostenida del poder adquisitivo. Para recuperar el poder adquisitivo que existía en noviembre de 2023 se necesitaría un aumento del 49,7% sobre el salario de marzo de 2026. Desde el inicio del gobierno de Javier Milei la pérdida salarial superó el 30%, convirtiéndose en uno de los peores momentos de la última década. Incluso, el salario real docente representa menos de la mitad de lo que era en noviembre de 2015 y la pérdida salarial acumulada equivale a más de once salarios actuales. Estos números ayudan a entender por qué tantas personas decidieron marchar. Detrás de cada porcentaje hay docentes que trabajan muchas horas y aun así no llegan a fin de mes, investigadores que abandonan proyectos por falta de recursos y estudiantes que sostienen sus carreras en condiciones cada vez más difíciles. La crisis universitaria no aparece solamente en las estadísticas, también se refleja en edificios deteriorados, falta de materiales, reducción de becas y docentes que deben multiplicar trabajos para sobrevivir. Muchas veces se habla de la universidad pública solamente desde lo económico, pero la realidad es que también se está discutiendo qué lugar ocupa la educación dentro del proyecto de país. Otro aspecto importante de la marcha fue escuchar cómo muchas personas relacionaban la defensa de la universidad con la defensa de la igualdad social. Cuando le pregunté a Sabrina qué le diría a alguien que no entiende el reclamo universitario, respondió que quizás esa persona no tuvo la oportunidad de pasar por la universidad pública, pero que seguramente algún familiar o alguien cercano sí pueda hacerlo en el futuro. Esa idea resume perfectamente por qué la universidad pública es tan importante en Argentina: porque incluso quienes no estudian directamente en ella se benefician de su existencia, ya sea a través de profesionales formados, investigaciones científicas o posibilidades de movilidad social. Además de Sabrina, también hablé con Adriana, profesora de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Su mirada aportó otra dimensión importante al reclamo universitario: la relación entre la educación pública y el futuro del país. Cuando le pregunté por qué había decidido asistir a la marcha respondió:
“Porque hay que estar militando en defensa de la universidad pública, la educación pública y en defensa de todos los derechos inculcados por este gobierno”.
Sus palabras reflejan cómo muchas personas presentes entendían la situación universitaria como parte de un contexto social y político más amplio. La defensa de la universidad aparecía ligada a la defensa de otros derechos sociales y al rechazo de políticas de ajuste que afectan no solo a estudiantes y docentes, sino también a distintos sectores de la sociedad. Adriana también señaló algo fundamental cuando habló sobre la importancia de la universidad pública:
“Porque es central para un proyecto de país, la educación pública, la universidad pública en particular, para garantizar la accesibilidad de quienes quieren y necesitan estudiar”.
Esta idea resulta clave para entender el reclamo universitario actual. La universidad pública argentina históricamente funcionó como una herramienta de movilidad social. Gracias a ella, miles de personas pudieron acceder a estudios superiores independientemente de su situación económica. En un país atravesado por desigualdades sociales y crisis económicas constantes, la existencia de universidades gratuitas permite que muchos jóvenes puedan imaginar un futuro distinto. Además, Adriana remarcó que la universidad no solo forma estudiantes, sino también profesionales necesarios para el desarrollo del país:
“El rol es formar profesionales para un proyecto de nación, para sacar el país adelante”.
Esa frase resume una discusión muy importante sobre el lugar de la educación pública en Argentina. Las universidades no solo producen títulos universitarios. También generan investigaciones científicas, proyectos sociales, formación docente, desarrollo tecnológico y espacios de pensamiento crítico. Reducir el presupuesto universitario implica afectar directamente todas esas áreas que resultan fundamentales para el crecimiento del país. Hacia el final de la entrevista, Adriana dejó una reflexión muy fuerte sobre aquellas personas que no comprenden el reclamo universitario:
“Que reflexionen, que miren el contexto, que salgan de su nube y miren a su alrededor”.
Esa frase me quedó resonando mientras seguía caminando entre la multitud. Porque justamente eso era la marcha: miles de personas mirando alrededor y entendiendo que la universidad pública no es un problema individual, sino una cuestión colectiva. Cada bandera, cada cartel y cada testimonio mostraban que la educación pública sigue siendo vista como un derecho que debe defenderse en las calles cuando siente amenazado. La marcha del 12 de mayo no fue solamente una protesta. También fue una demostración de pertenencia y de memoria colectiva. Miles de personas salieron a defender una institución que históricamente funcionó como una herramienta de inclusión y ascenso social. En un contexto donde la educación pública atraviesa recortes, pérdida salarial y dificultades económicas, la movilización mostró que gran parte de la sociedad sigue considerando a la universidad como un derecho y no como un privilegio. Al finalizar la movilización, la sensación era contradictoria. Por un lado, había preocupación e incertidumbre frente a la crisis que atraviesan las universidades públicas y la situación salarial de docentes y trabajadores. Pero al mismo tiempo también había una sensación de fuerza colectiva. Ver a tantas personas marchando juntas demostraba que, a pesar de los recortes y las dificultades, la universidad pública continúa siendo uno de los espacios más valorados por gran parte de la sociedad argentina. La Marcha Universitaria del 12 de mayo dejó en evidencia que la educación pública no es solamente un tema académico. Es también una discusión sobre igualdad, derechos, futuro y proyecto de país. Defender la universidad pública significa defender la posibilidad de que miles de personas puedan estudiar, crecer y construir un futuro mejor, sin que la situación económica determine quién puede acceder al conocimiento y quién no.
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