Crónica

A 50 años del golpe: lo que quisieron borrar, hoy se multiplica

Cada 24 de marzo, Argentina no solo recuerda, siente. Se detiene y vuelve a mirar una herida que todavía duele. El golpe de Estado de 1976 no es solo una fecha que está en los libros, es una memoria que atraviesa generaciones. Bajo la Memoria, Verdad y Justicia, miles de personas salen a las calles para apoyar lo que no puede caer en el olvido.

Este año, a 50 años, la marcha no fue una más, se sintió distinta, más profunda y hasta más presente. Como si la historia caminara al lado mío.

Durante mucho tiempo, el 24 de marzo fue para mí una fecha para recordar.

Hoy, después de estar en la marcha por primera vez, entiendo que también es una fecha para sentir, para estar, para formar parte. La marcha dejó de ser algo que entendía... para convertirse en algo que viví.

Para mí, todo era nuevo. Nunca había vivido algo así. Era mi primera vez en la marcha.

Llegué sin saber bien qué esperar. Pero desde el primer momento, algo se sentía distinto.

La gente, los cantos, el movimiento constante…lo que más me marcó fue esa sensación compartida: un dolor que no era mío, pero que también lo sentía. Como si la memoria estuviera en ese aire. Había personas de todas las edades: jóvenes, adultos y hasta familias con niños.

No era solo una marcha, era ver la memoria pasando de generación en generación, en vivo.

Como si cada persona llevara una parte de esa historia.

En medio de la marcha, entre los cantos y el movimiento decidí frenarme un momento y acercarme a algunas personas. Quería escuchar lo que había atrás de esos pasos y de esos carteles. Así fue como llegué a Alicia.

Con pocas palabras alcancé a entender su postura. Era de Mataderos y había ido, como la mayoría, porque conocía lo que había pasado. Pero en su caso no se trataba solo de información que vio en las noticias o diarios, sino desde una experiencia cercana. Mencionó “esas sombras” que empezaron hace 50 años y explicó por qué era importante que no se volviera a repetir.

Al hablar de los desaparecidos, marcó una diferencia clara: que no eran números, sino personas. Personas con familias, con recorridos y con proyectos que no pudieron continuar.

Para ella, recordarlos es una forma de que sigan presentes. También planteó que el recuerdo no tiene sentido si no se conecta con el presente. Alicia explicó que entender lo que pasó ayuda a tomar mejores decisiones hoy y a no repetir la historia. Mencionando también que informarse y cuestionar lo ocurrido permite evitar repeticiones y tomar decisiones de forma más consciente.

Escucharla fue fuerte. Porque no hablaba desde una noticia, hablaba desde la experiencia.

Hasta ese momento, lo que sabía de la marcha venía de lo que había visto en redes y medios. Muchas veces se presentaba desde lo político. Pero al estar ahí, mi experiencia directa me mostró cosas distintas, cosas que no transmitían los titulares, la forma en que la gente vive ese espacio. Eso solo se percibe estando en el lugar.

Mientras caminaba, recordaba los cuentos de Golpes, donde se trabaja el silencio y el miedo. En cambio, en la marcha se veía diferente: lo que antes no se decía ahora se dice.

Esa diferencia marcó una diferencia en mi forma de entenderlo, ver que esa historia sigue activa en nuestra memoria.

Si tuviera que quedarme con una imagen, sería la gente caminando junta. Personas de distintas edades, historias diferentes pero con el mismo objetivo de recordar lo que pasó. Y si tuviera que elegir una palabra para definir la marcha, sería valentía. Las personas que vivieron esos años, en quienes siguen recordando y en quienes hoy se acercan con preguntas.

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