Presentación
Hay cosas que nos cuestan poner en palabras, no es fácil hablar de uno, algunas salen solas y otras se quedan guardadas. Uno no cuenta todo. Ni cuando quiere. Ni cuando debería. Pero en algún punto hay que empezar, aunque no sea perfecto.
Me llamo Gabriela Agterberg, nací el 9 de marzo de 2006 y crecí en La Paternal, enfrente de un cementerio. Al principio era solo parte del paisaje, pero con los años empecé a mirar distinto ese lugar donde vivía. Personas que entraban a ver a otras que ya no estaban, llevando flores y recuerdos. Creo que eso me hizo ser más observadora, aunque no siempre lo esté notando.
Me gusta pensar que soy organizada, que tengo cierto control en lo que estoy haciendo.
Pero hay momentos en los que aparecen los nervios y todo desaparece. Me cuesta concentrarme y empiezo a dudar y perder la confianza en lo que hago. Pensar que no alcanzó e intentar disimularlo.
Durante mucho tiempo leer no fue algo importante para mí, no crecí siendo lectora. Pero en primer año de secundaria, apareció una profesora que, sin querer queriendo, me hizo ver la lectura de otra forma. De a poco le empecé a tomar cariño. Recuerdo Los vecinos siempre mueren en las novelas, y más adelante, Alicia en el País de las Maravillas que me marcaron en distintos momentos. Igual no leo todo el tiempo, voy y vuelvo. Depende mucho de cómo esté.
Empecé a escribir en pandemia, sobre todo poesía. Era una forma de expresar lo que sentía. Participé en un concurso en el diario de la escuela y salí primera, algo que todavía me sigue sorprendiendo. No sé si fue suerte, pero desde ahí escribir se volvió muy importante para mí. Aunque muchas veces siga dudando de si lo hago bien o si se entiende.
El taller de escritura fue una elección bastante clara, sentía que era una forma de acercarme a algo que ya venía siendo parte en mi vida, escribir. Espero poder aprender, mejorar y también perder un poco la vergüenza de mostrar lo que escribo aunque sé que es parte del proceso.
El estudio siempre me generó muchos nervios. Desde chica siento que tengo que hacer todo bien, como si equivocarme no fuera una opción. Es algo que todavía me cuesta y que todavía estoy tratando de manejar.
Me hubiera gustado ser veterinaria. Siempre me gustaron mucho los animales. Pero biología nunca fue lo mío. En el primer año me llevé la materia entera y todo el curso se enteró. Me dio bastante vergüenza, creo que ahí empecé a aceptar que no todo lo que uno quiere es para uno.
Ahora estoy en primer año de la universidad. Todavía sigo sin poder creerlo. Porque siempre me costó mucho estudiar: la primaria, la secundaria, el CBC. Hubo momentos en los que pensé que no iba a poder. Por eso, estar acá ahora es un logro muy grande para mí.
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