Crónica de la Feria del Libro
La feria del libro volvió a confirmarse como uno de esos espacios donde la lectura deja de ser un acto individual para convertirse en una experiencia colectiva. Afuera todo seguía con apuro, pero adentro cada lector se detiene, observa y hojea. En ese gesto simple, en abrir un libro, leer entre líneas, hay algo que se repite en todos, aunque cada uno esté viviendo su propia experiencia. La feria reúne esas pequeñas escenas y las convierte en algo colectivo, un punto de encuentro donde lo íntimo de la lectura se mezcla con lo general, dando lugar a una práctica que, lejos de desaparecer, se reafirma como parte de la identidad cultural argentina. Decidí comenzar el recorrido por el Pabellón Ocre, un espacio dedicado a las producciones culturales de las provincias. Aunque no era el Pabellón más grande, tenía una identidad muy marcada, cada stand mostraba una parte del país, con obras llenas de diversidad, historia y tradición. En ese recorrido, lo que más me llamó la atención fue las muestras dedicadas a Jorge Luis Borges. A la derecha, un pasillo abierto exhibía vitrinas con ediciones de sus obras en distintos idiomas. Era reconocer lo propio en medio de lo extranjero. Era imposible no detenerse, ahí estaban sus textos traducidos en chino —una colección de 17 tomos publicada en Beijin en el año 2000—, al coreano y al japonés en ese mismo año, y también una edición en griego publicada en Atenas en 1982. Frente a esa variedad de idiomas, entendí que la literatura argentina no queda limitada a su origen, sino que viaja, se transforma y encuentra nuevos lectores en cada rincón del mundo. Frente a ese pasillo, la experiencia se volvía más profunda. Un laberinto gris, con su nombre destacado, invitaba a entrar. Sobre una de esas paredes, una frase en amarillo le daba sentido: "Del laberinto se sale leyendo". La propuesta no era visual, sino también simbólica. Al caminar dentro, me encontré con un video del propio Borges reflexionando sobre ese mismo concepto, el laberinto como metáfora de la vida, del pensamiento y de la literatura. Al salir, otro espacio llamó mi atención, una sala con pantallas donde se proyectaba un audiovisual sobre la obra del mismo autor, hablaba de sus temas recurrentes, Buenos Aires, las calles, la biblioteca de su padre — la que describía como un "gabinete mágico" lleno de libros —. Pero también se detenía en ideas abstractas, el tiempo como misterio, la permanencia y fugocidad, entre lo que queda y lo que desaparece. Sus reflexiones sobre los laberintos retomaban esa idea de perderse, no como algo negativo, sino como una posibilidad. Esa idea plantea algo interesante, que no es extraño perderse en un laberinto, pero sí lo sería que el propio autor se pierda en su obra. En ese punto, la literatura aparecía como un espacio de búsqueda, pero también de encuentro. Borges también habla de los sueños y de la poesía, planteando que la experiencia estética significa recordar algo que, en realidad, nunca vimos del todo. Ese momento en que el lector se encuentra con el libro, algo se activa. Porque, como el mismo decía, mientras un libro este cerrado, es solo un objeto entre otros, pero al abrirlo, ocurre este hecho estético. Esta idea resume el espíritu de la feria del libro. Más allá de los descuentos, las ediciones especiales o la cantidad de ejemplares, es ese vínculo invisible entre lector y texto. En un país con una fuerte tradición literaria como Argentina, la feria no solo celebra a los autores sino también a los lectores, a quienes siguen encontrando, en cada página, una forma de entender el mundo, o de perderse en él. Siguiendo esa misma lógica —la del encuentro entre lector y libro—, el recorrido por la feria también se fue construyendo a partir de decisiones más concretas: detenerme, abrir, leer algunas páginas y dejarme llevar por lo que cada texto proponía. En ese proceso, fui armando una especie de mapa personal de lecturas posibles. Entre los libros que vi y abrí estuvieron Anne & Henry, Makeover Extremo (Apocalipsis zombie), Yoga del alma: camino hacia la integración, Leviatán o La Ballena, Naciste para esto, Un crimen dialéctico, Blanco, Mindfulness y Eutonía: dos caminos, una conciencia, El club de las damas maleducadas y La bruja negra. La elección no fue del todo planificada. En muchos casos, lo primero que atrajo mi mirada fueron las tapas, colores, diseños, títulos que sugerían algo más allá de lo evidente. Pero, al abrirlos, apareció lo más importante: el tono, la forma de escribir, la manera en que cada historia o propuesta lograba (o no) generar interés. Me incliné sobre todo por libros vinculados a la reflexión, el romance y la fantasía, géneros que no solo entretienen, sino que también invitan a pensar y a sentir desde otro lugar. En los textos más reflexivos, encontré una pausa que permite mirarse a uno mismo o cuestionar ideas. En el romance, en cambio, aparece algo distinto, la conexión emocional, la posibilidad de reconocerse en vínculos, en historias que, aunque sean ficticias, logran sentirse cercanas. Y en la fantasía, la capacidad de construir mundos nuevos que, también dicen algo sobre la realidad. Uno de los autores que más me llamó la atención en la Feria del Libro fue Dan Wells, escritor de Makeover Extremo (edición apocalipsis). Nació en Estados Unidos en 1977 y desde muy chico tuvo una relación muy cercana con los libros y la lectura. De niño escribía historias inspiradas en los libros de “Elige tu propia aventura”, y además pasaba mucho tiempo en bibliotecas leyendo novelas de ciencia ficción, fantasía y terror. También le interesaban los clásicos de la literatura y las historias relacionadas con mundos futuristas y apocalípticos. Esa pasión por la imaginación y por los temas científicos se nota mucho en sus novelas, ya que suele combinar tecnología, enfermedades, ciencia y situaciones extremas. Sus libros están dirigidos especialmente a jóvenes y adolescentes, por eso tienen un estilo atrapante y dinámico. Otra autora que me interesó fue Han Kang, autora del libro Blanco. Nació en Corea del Sur en 1970 y creció rodeada de libros porque su padre también era escritor. Ella contó en entrevistas que los libros fueron muy importantes durante su infancia, especialmente porque su familia se mudaba seguido y la lectura le daba tranquilidad y compañía. Desde pequeña leía autores coreanos y también literatura rusa. Estudió literatura y comenzó escribiendo poesía, algo que se puede notar en la forma delicada y profunda en la que escribe sus novelas. Sus obras suelen hablar sobre el dolor, la memoria, la identidad y las emociones humanas, utilizando un lenguaje muy sensible y reflexivo. Actualmente es una de las autoras coreanas más reconocidas del mundo y ganó importantes premios literarios. El tercer autor que recorrí fue Antonio Muñoz Molina, autor de Leviatán o La Ballena. Nació en España en 1956 y es reconocido tanto por sus novelas como por sus trabajos periodísticos. Desde joven tuvo una relación muy fuerte con la lectura y la literatura clásica. Él mismo contó que descubrió grandes libros en su infancia durante los veranos, leyendo por curiosidad y por placer. Esa conexión temprana con la lectura hizo que desarrollara una escritura muy observadora y detallista, donde mezcla reflexiones, recuerdos y descripciones muy visuales. Muchas de sus obras exploran la memoria, los viajes, la naturaleza humana y la observación del mundo cotidiano. Además, es miembro de la Real Academia Española, lo que demuestra la importancia de su trabajo dentro de la literatura contemporánea. La primera tapa que más me interesó fue la de Makeover Extremo (edición apocalipsis). Lo primero que me llamó la atención fue la creatividad de su diseño. En el centro de la tapa había una pincelada blanca, como si estuviera hecha en movimiento, casi “bailando” sobre el fondo. Encima de esa pincelada aparecían puntos rosados que parecían representar cadenas de ADN o elementos científicos. Esa combinación entre lo artístico y lo científico hizo que automáticamente quisiera saber de qué trataba el libro. Además, el título tenía un tono misterioso y relacionado con un posible fin del mundo, algo que siempre me resulta interesante. Me gustan mucho las historias relacionadas con ciencia, experimentos y apocalipsis, así que la tapa logró transmitir exactamente esa sensación de peligro y curiosidad. Mi hipótesis sobre el contenido es que el libro habla de un cambio extremo en la humanidad, posiblemente causado por una enfermedad, un experimento científico o una mutación que altera la vida de las personas y provoca una situación apocalíptica. El segundo libro que observé con mucha atención fue Blanco. Su tapa era completamente distinta: simple, elegante y tranquila. Aunque mostraba pocos elementos, justamente eso hacía imposible ignorarla. En el centro aparecían letras coreanas de color claro, y toda la tapa transmitía una sensación de silencio y calma. Me llamó mucho la atención porque me gusta todo lo relacionado con Asia y me intrigaba saber qué podía escribir una autora coreana con una portada tan minimalista. Sentí que era uno de esos libros que esconden emociones profundas detrás de algo aparentemente sencillo. Mi hipótesis es que el libro trata sobre sentimientos, recuerdos o experiencias personales relacionadas con la tristeza, la memoria y la vida cotidiana. Creo que el color blanco simboliza emociones como la soledad, la paz, la pérdida o incluso la esperanza. De los libros que recorrí, Leviatán o La Ballena fue uno de los que más me impactó visualmente. Lo primero que llamó mi atención fueron los colores suaves de la tapa y la imagen del mar junto a la arena. En el medio aparecía una ballena, y automáticamente sentí curiosidad por el contenido. Siempre me interesaron los animales marinos y las historias relacionadas con la naturaleza, así que esa portada fue suficiente para hacerme detener. Además, la imagen transmitía calma, pero al mismo tiempo cierta sensación de misterio. Mi hipótesis es que el libro habla no sólo sobre el mar y las ballenas, sino también sobre emociones humanas profundas, utilizando a la naturaleza como símbolo de libertad o descubrimiento personal. Seguí caminando por la Feria del libro y me encontré con Arte a través del tiempo, de Hernan Medina y Catalina Medina Galli. El libro me llamó la atención desde la tapa, porque mostraba una pequeña imagen central de los autores, y debajo, unos dibujos de personas de épocas antiguas. Esa combinación me hizo pensar en como el arte acompaña a la humanidad desde sus comienzos y cómo cada época deja una marca distinta a través de sus creaciones. El libro hablaba del arte como una manifestación inseparable y esencial del ser humano, algo que existe desde siempre y que permite expresar ideas, creencias y formas de ver el mundo. Mientras observaba el libro pensé en la ocupación de la creación artística. Crear arte no es solamente pintar, escribir o diseñar algo visualmente lindo, sino también transmitir una parte de uno mismo hacia los demás. Cada obra nace de pensamientos, emociones y experiencias personales, pero cuando llega al público logra nuevos significados porque cada espectador interpreta lo que ve de manera diferente. Por eso la relación entre la obra y los lectores es muy importante: el arte no solo queda solamente en quien lo observa, siente y lo interpreta. Una misma pintura o texto puede generar tranquilidad en una persona y nostalgia en otra. Eso demuestra que el arte funciona como una conexión entre distintas personas y distintas épocas. Además encontré distintos prólogos e introducciones que desarrollaban las virtudes de la lectura de este libro y lo que puede aportar a los lectores. Una de las frases decía: "El arte y el amor son dos lenguajes universales que nos unen sin necesidad de palabras". Esta reflexión me hizo pensar que el arte puede comunicar emociones de manera tan profunda como los sentimientos humanos. Aunque las personas tengan culturas o idiomas diferentes, una obra artística puede ser comprendida y sentida por cualquiera. El libro invita a entender el arte como una forma de unión y comunicación universal. Otra frase que encontré fue de Marcel Proust: "Solo a través del arte podemos emerger de nosotros mismos y saber lo que otros ven". Esta idea muestra cómo el arte permite ampliar nuestra mirada y comprender otras perspectivas. A través de una obra podemos acercarnos a pensamientos, emociones y experiencias que quizás nunca vivimos personalmente. Por eso la lectura del libro puede ayudar a lectores a desarrollar una mirada más sensible y reflexiva sobre el mundo y los demás. Por último, encontré una frase de Yayoi Kusuma que decía: "Si la gente disfrutara el resplandor de la vida a través del arte y la moda, podrían dejar de pelear o sentir ira". Esta reflexión relaciona el arte con la paz y bienestar emocional. Me hizo pensar que el arte puede transformar la manera en que las personas sienten y se relacionan con los otros, generando más sensibilidad y menos violencia. Creo que un libro busca transmitir justamente esa importancia del arte en la vida humana, mostrando como las creaciones artísticas acompañaron a las personas a lo largo del tiempo y siguen siendo una forma de expresión, reflexión y conexión entre individuos.
Mientras seguía caminando por el Pabellón Azul de la Feria del Libro, me detenía a mirar a las personas recorrer los stands con entusiasmo, sosteniendo bolsas llenas de historias, autores y mundos distintos. Entre luces, portadas coloridas y conversaciones sobre literatura, pensé en lo valioso que sigue siendo, incluso hoy, encontrarse con gente que todavía elige leer. En una época atravesada por las pantallas y la inmediatez, la feria se sentía como un pequeño refugio donde los libros todavía ocupan un lugar importante. Con esa idea en mente, decidí acercarme a distintas personas para escuchar sus historias y conocer qué significa la lectura para ellas. El primer testimonio fue el de Francisca, una joven de Paternal que recorría la feria con tranquilidad y entusiasmo. Me contó que había ido porque le gustan “los libros, el arte y la comunidad”, y porque considera importante apoyar la educación, la alfabetización y también a las librerías y pequeños negocios. Su relación con la lectura comenzó alrededor de los trece o catorce años, cuando encontró en los libros una manera de descansar de la realidad y sentirse acompañada por los personajes. Además, explicó que la lectura le enseñó a pensar críticamente y a incorporar nuevas herramientas y significados a su vida cotidiana. Actualmente, Francisca aprovecha los viajes en transporte público para leer, aunque confesó que su momento favorito es a la noche, cuando termina las tareas de la facultad y puede recostarse tranquila con un libro. Al elegir qué leer, busca principalmente dos cosas: una trama interesante o una escritura de la que pueda aprender algo. Aunque reconoce la practicidad de lo digital, prefiere los libros físicos porque siente que le permiten desconectarse de las pantallas y descansar de otra manera. También considera que hoy se lee más que antes gracias a las redes sociales y al interés creciente por mejorar la escritura y la comprensión. Para ella, la lectura es “descanso, escape y creatividad”, pero también algo mucho más profundo: una herramienta que influye en quiénes somos tanto individualmente como en comunidad. Más adelante encontré a Natalia, del barrio de Almagro, quien me contó que asiste a la Feria del Libro todos los años porque disfruta recorrer los pabellones y llevarse algún libro nuevo. Su amor por la lectura comenzó desde muy chica, en la primaria, cuando los libros de lengua la acompañaban a todos lados. Recordó especialmente su interés por autores argentinos y uruguayos, como Silvina Ocampo, y desde entonces la lectura se volvió parte de su vida cotidiana. Natalia explicó que hoy suele leer en el transporte público o antes de dormir, ya que gran parte de su tiempo también está ocupado por textos de la facultad. Cuando elige un libro, no se limita a un solo género: le gusta leer tanto para aprender como para desconectarse y descansar. Entre sus gustos mencionó la ficción, el romance y autores de distintos países, incluyendo a Gabriel García Márquez. Aunque actualmente utiliza más el formato digital por comodidad, aseguró que el libro en papel sigue teniendo algo “increíble” que la tecnología todavía no puede reemplazar. También cree que hoy se lee mucho más que antes gracias a plataformas como TikTok o YouTube, donde cada vez más personas comparten recomendaciones y experiencias lectoras. Para ella, la lectura es algo que acompaña todas las etapas de la vida: “siempre va a haber un libro para vos”. El tercer testimonio fue el de Maria, de Vicente López, quien había ido a la feria porque una amiga estaba presentando su libro y aprovechó la ocasión para recorrer los stands. Me contó que su vínculo con la lectura tuvo distintas etapas: comenzó desde chica, rodeada de libros en su casa, luego se alejó un poco durante la adolescencia y finalmente volvió a reencontrarse con la lectura en la adultez. Hoy, siendo madre de un hijo de tres años, encuentra momentos para leer principalmente durante los viajes al trabajo o en pequeños ratos libres, porque en su casa el tiempo tranquilo es más difícil de conseguir. María explicó que, al elegir un libro, primero necesita sentir interés por la historia o por el autor. Actualmente disfruta mucho de las novelas y de relatos más cercanos a la realidad, mientras que la ciencia ficción no suele llamarle la atención. También afirmó que prefiere ampliamente los libros físicos porque necesita “agarrar el libro”, sentirlo y descansar de las pantallas. Sobre si hoy se lee más o menos que antes, respondió con cierta duda: cree que la inmediatez digital afecta los hábitos de lectura, aunque todavía existe mucha gente que sigue eligiendo los libros. Para ella, leer “hace bien a la cabeza y al alma”, y representa un espacio importante dentro de su vida. Después de conversar con María, tuvimos la oportunidad de acercarnos también a la autora que se encontraba recorriendo la feria. En medio de la charla, nos mostró su libro, Marketing para Humanos, con una sonrisa llena de orgullo y emoción. El momento se sintió muy especial y cercano. Incluso pude tomarle una fotografía sosteniendo el libro entre sus manos, una imagen simple pero significativa, que reflejaba la pasión y el esfuerzo detrás de cada historia escrita y compartida en la Feria del libro.
Entre tantos stands, luces y personas caminando de un lado a otro con bolsas llenas de libros, hubo un momento que me hizo frenar por completo. Una pared azul con la frase "50 ferias y una sola flor" llamaba mi atención apenas uno se acercaba. Era el último stand de Ediciones de la Flor, la editorial durante décadas publicó Quino y llevo a Mafalda a miles de hogares argentinos y del mundo. También publicó a Roberto Fontarrosa y a muchísimos otros autores que marcaron generaciones enteras de lectores. Este año, la editorial se despedía definitivamente de la Feria del Libro y anunciaba el cierre de su actividad después de sus sesenta años de historia. En esa pared azul se contaba parte de su recorrido. Todo había comenzado en 1966, cuando un grupo de escritores y lectores se reunió para imaginar una nueva editorial. Mientras hablaban de sus sueños y proyectos, una persona dijo: “Lo que ustedes quieren hacer es una flor de editorial”. Y así nació el nombre. Desde entonces, la editorial fue creciendo entre desafíos, crisis y cambios históricos. En 1970 comenzaron a publicar a Quino y más tarde llegó Fontanarrosa. Aunque editaron poesía, ensayos, teatro e infantiles, fueron sus libros de humor gráfico los que terminaron acercando la lectura a muchísimas personas. Desde 1975 estuvieron presentes en cada Feria del Libro de Buenos Aires, incluso en momentos difíciles del país, sin embargo siguieron apostando por los libros, por los lectores y por la posibilidad de encontrarse cara a cara con quienes llegaban con un ejemplar en la mano buscando una firma, una conversación o simplemente un recuerdo. Leer la historia de la editorial en esa pared me hizo pensar en algo mucho más grande que un simple cierre. Me hizo pensar en el lugar que ocupan los libros dentro de la historia argentina y también dentro de las historias personales de cada uno. Porque detrás de cada lector hay siempre una experiencia, un recuerdo o un momento que lo une para siempre con la lectura. En mi caso, mi historia con los libros empezó desde muy chica, aunque no de la manera que muchos imaginarían. Cuando era pequeña no me gustaba leer. Me costaba aprender, entender lo que leía y muchas veces sentía que estudiar era algo difícil para mí. Mientras otras personas parecían avanzar rápido, yo necesitaba más tiempo para comprender las cosas y eso hacía que me frustrara bastante. Pero con el tiempo, mis papás empezaron a regalarme libros y, casi sin darme cuenta, apareció el autor que cambió completamente mi relación con la lectura: Roald Dahl. Sus historias fueron las primeras que realmente lograron atraparme. Empecé leyendo Charlie y la fábrica de chocolate, después llegaron Matilda, El gran gigante bonachón, Las brujas, Danny el campeón del mundo y La maravillosa medicina de Jorge. Cada libro se transformaba en un lugar seguro para mí. Leer dejó de sentirse como una obligación y empezó a convertirse en un refugio. Los libros fueron parte de mi infancia, de mis momentos de soledad, de mis tardes imaginando mundos distintos y personajes que parecían entenderme incluso más que muchas personas. Con el tiempo entendí que la lectura no solo me estaba ayudando a leer mejor, sino también a conocerme a mí misma. Me ayudó a desarrollar mi imaginación, mi sensibilidad y mi manera de ver el mundo. Y también despertó algo más: el amor por la escritura. Siempre fui una persona tímida y me costó expresarme hablando. Muchas veces encontraba más fácil ordenar mis pensamientos escribiendo que diciéndolos en voz alta. Por eso empecé a escribir desde muy chica: poemas, historias, pensamientos o pequeñas ideas que guardaba para mí. La escritura se volvió otra manera de refugiarme y entender lo que sentía. Hoy, después de recorrer la Feria del Libro y escuchar tantas historias distintas sobre la lectura, entendí que los libros siguen teniendo un lugar enorme en la vida de las personas. Tal vez cambien los formatos, las tecnologías o las costumbres, pero todavía existen lectores que encuentran en un libro compañía, aprendizaje, descanso o inspiración. Y quizás ahí esté lo más importante: en entender que leer no es solamente pasar páginas, sino construir recuerdos, emociones e incluso partes de nuestra identidad. Salir de la feria después de escuchar testimonios, recorrer stands y leer la despedida de una editorial tan importante como Ediciones de la Flor me dejó una sensación muy especial. Porque, al final, las historias no desaparecen. Siguen viviendo en quienes las leen, en quienes las escriben y en quienes alguna vez encontraron en un libro un lugar donde sentirse acompañados.
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