Carta de Moria Casan a Peter Capusoto
Querido capusoto, leí tu carta mientras me hacía un brushing y sinceramente sentí que estaba viendo un accidente narrado por un murciélago con abstinencia. Tu idea teatral tiene la misma armonía que una pelea de borrachos afuera de Constitución a las cuatro de la mañana ¿Extraterrestres, rollingas desafinados, un enano fumando y una vieja gritando barbaridades? Amor, eso no es una obra, eso es un grupo de WhatsApp que salió mal. Vos confundís caos con creatividad y ahí está el problema. Porque poner personajes extravagantes juntos no convierte algo en arte, igual que pegarle lentejuelas a una heladera no la transforma en una carroza del carnaval de Río. Esa es la diferencia entre el escándalo berreta y el espectáculo de calidad. Y te voy a decir algo más, el teatro es a la cultura lo que un diamante es a una bijouterie de Once. Uno tiene valor porque está trabajado con precisión, talento y elegancia, el otro brilla dos minutos y después te deja la piel verde. Tu proyecto, mi amor, deja directamente intoxicación visual. Además, me ofrecés elegir entre hacer de travesti o de vieja facha como si fuera un menú ejecutivo de psiquiátrico. Yo soy una estrella, no una sobreviviente de tus alucinaciones químicas. A mí me gusta provocar, sí, pero con inteligencia, no parecer parte de un documental sobre gente que tomó mercurio. Y otra cosa, corazón, si querés llenarte de plata, primero intentá llenar una idea coherente. Porque hasta el sanguche de mortadela que se te cayó al piso tenía más consistencia argumental que toda tu obra. Deseo profundamente que la próxima sustancia que consumas sea únicamente sentido común. Te mando luz, fuerza y un buen neurólogo para atravesar este difícil momento creativo. Con amor, glamour, lucidez y el privilegio de no escribir cartas alucinadas entre fiambres baratos.
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