Diario de escritura de sueños
17/04/2026
No era dolor. Era otra cosa. Como una incomodidad rara que no se iba.
No sé si era tan urgente pero tampoco era tranquila. Estaba siempre ahí, constante. Como si mi cuerpo supiera antes que yo.
Fui al hospital. Pasé por los pasillos limpios, de paredes claras, todo demasiado ordenado, perfecto.
Llegué a la guardia y explique lo que me pasaba, aunque ni yo entendía lo que estaba diciendo.
Ahí me dijeron que había que operarme.
El miedo no era algo nuevo, era una sensación conocida, y eso lo hacía peor. En ese momento, ya estaba llamando a mi pareja antes del entrar al quirófano. No pensé en nada más, lo único importante era no pasarlo solo.
Ya adentro, la cirujana no explicaba nada. Le hablé mal, con desesperación, sentía que perdía el control, quería saber la verdad.
Después estaba afuera, en la calle, respire aire pero la sensación no se fue.
Fue como confirmar que esto no termino. No importa cuanto quiera olvidarlo, siempre vuelve igual, siendo imposible frenarlo.
20/04/2026
Leí un comentario y me impactó como la mente puede inventar escenas tan reales, cargadas de miedo y que no tengan sentido del todo.
Alguien relataba que estaba escondida abajo de un escritorio, inmóvil, segura de que no estaba sola. Intentaba moverse y no podía. Solo le quedaba gritar, hasta que escuchó una voz muy de cerca que rompió el silencio, "ella está acá".
Creyó salir del sueño, que había despertado pero el sueño no había terminado. Las escenas se mezclaban, gatos que la arañaban, una calle que reconocía, un quiosco enfrente de su casa. Todo parecía ser normal, pero las cosas empezaron a ponerse fuera de lugar. Fue al puesto y encontró tirado un papel en el piso. Hablaba de un asesino. Al levantar la vista, lo vio. Estaba enfrente de ella, quieto.
Salió corriendo entendiendo lo que pasaba, en ese momento encontró a la policía y les contó, lo raro es que ese hombre no existía. Aun así, su cuerpo seguía en alerta.
El final era siempre esa escena, el mismo hombre, todos los días pasando por su casa, observándola en silencio como si ella fuera la próxima.
Y desde ese momento, lo más difícil fue confiar que había despertado.
22/04/2026
El sueño era mi papá.
Soñó con un amigo de la isla, Jorge. En el sueño, estaban juntos en la casa del papá de Jorge, una casa que parecía haberse quedado detenida en el tiempo. Mientras la recorrían, el deterioro se hacía evidente en cada rincón, paredes gastadas, objetos rotos y una sensación de abandono que daba la impresión de que nadie se ocupaba de ese lugar. Mientras recorrían la casa, mi papá se preocupó por lo que veía y le dijo a Jorge que debía arreglarla, que no podía dejarla así. No lo dijo en un tono casual, fue un aviso de advertencia.
En un momento, mi papá fue al baño. Ese lugar estaba más deteriorado que el resto de la casa. El piso estaba roto y había un agujero grande y peligroso, no lo ve a tiempo y casi se cae. En ese instante, mi papá lo retó, no solo por el susto, sino también por el descuido. Fue un reto que mezclaba preocupación y enojo frente a tanto abandono. El sueño termina con esa sensación, la casa que pedía ser cuidada antes de que fuera tarde.
24/05/2026
Este sueño no es mío, sino de la mujer que se encarga de la limpieza en casa.
Soñó con su hermana Mónica, que ya no está. En el sueño, volvía a visitarla, pero no venía sola, estaba acompañada por su pareja, Claudia. Su presencia resultaba extraña, porque parecía normal y no lo era.
Hablaba de la casa, era de su hermana, pero la pareja actual se la había apropiado, no lo decía enojada, más bien como un comentario. En medio de la conversación, Mónica contó que había visto la casa y que estaba muy linda, “divina”. Eso la sorprendió, porque no había enojo en su forma de decirlo, sino calma, como admiración. Entonces le habló, confundida. Le preguntó a Mónica por qué veía la casa como “divina” y, casi al mismo tiempo, le reclamó a Claudia por qué no la compartía, había una mezcla de injusticia pero sin decirse del todo. El sueño era extraño, familiar e incómodo a la vez. Y Mónica, ahí presente, hablaba como si nunca se hubiera ido.
26/04/2026
Era un sueño de mi papá, de cuando su papá todavía estaba vivo.
Soñó que se encontraba en el fondo del campo, junto al chiquero de chanchos. La escena era tan real que parecía haber retrocedido en el tiempo. El aire tenía ese olor característico y el silencio del campo lo envolvía, mientras él estaba ahí, al lado de su papá, como antes. Su papá le iba dando indicaciones constantes, que se ocupara de los chanchos, que limpiara el chiquero, que mantuviera el lugar en condiciones. Aunque eran tareas simples, las transmitía con firmeza, como enseñándole responsabilidad. Mi papá escuchaba las órdenes y se movía para cumplirlas, como si hubiera vuelto a ese tiempo en el que todo giraba alrededor del trabajo y de hacer las cosas bien. Su sueño tenía una carga especial, no eran solo órdenes, sino una forma de enseñar, de dejar una huella.
28/04/2026
Era un sueño mío, pero yo era chica, estaba en la primaria. Veía con claridad el patio donde hacíamos la formación antes de entrar a clase. Todo era como en esa época, los compañeros, el ruido, el movimiento constante. Pero yo no estaba pendiente de nada de eso, porque mi atención estaba puesta en un compañerito en particular. Lo observaba detenidamente, casi todo el tiempo, porque tenía una duda muy fuerte, estaba casi segura de que él era Peter Pan. No coincidía con la imagen de los dibujitos. Era castaño, distinto, pero había algo en él que me hacía creer, su gran inteligencia. Para mí, eso era suficiente, era Peter, el de Nunca Jamás. Todos empezaban a irse al aula, pero él no parecía darse cuenta de mi mirada. Entonces pasó algo imposible y natural al mismo tiempo, empezó a volar. En el sueño no me sorprendía, pero para mí fue la prueba. Yo tenía razón.
No dije nada. Él se dio vuelta y me miró, y yo le hice una seña de silencio, como prometiéndole sin palabras que su secreto estaba seguro conmigo, que no iba a decírselo a nadie. Después de eso, seguí mi camino como si nada hubiera pasado, contenta, con esa verdad guardada solo para mí. Me fui al aula con una felicidad suave, como si hubiera descubierto algo especial. Y ahí termina mi sueño. Qué obsesión con Peter Pan, claramente la tele me estaba afectando.
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