Cuento Fantástico

Al principio era práctico.

Para no olvidarse nada, se mandaba audios: recordatorios rápidos como comprar leche, hacer un trabajo, llamar a alguien. Era más fácil que escribir. 

"Comprar pan cuando salga", decía, como siempre.

Todo seguía normal hasta que uno apareció como "escuchado". 

Se le hizo raro, pero no le dio importancia. 

Seguro fue un error, cosas del celular.

Pero esa noche, todo se volvió más raro. 

Vio un audio nuevo en el chat. No sabía de donde había salido. Y lo que escuchó: lo dejo incómodo.

Era su voz, exacta, como si estuviera hablando en ese momento. 

-No vayas mañana- escuchó. 

Se quedo mirando el celular.

No lo recordaba. 

No tenía sentido pero tampoco ganas de cuestionarlo.

Hasta que empezó a repetirse. 

Los audios empezaron a aparecer solos. 

Misma voz, mismo tono. 

Hablaban como si supieran más que él. 

- Lleva paraguas.

- Salí más tarde.

- No contestes. 

Al principio parecían coincidencias. Los dejo pasar, hasta que dejó de serlo. Empezó a seguirlos. Funcionaban. 

Cuando decía “llevá paraguas”, llovía.

Cuando decía “no contestes”, algo salía mal.

Nada fallaba. Cada advertencia se cumplía, como si supiera que iba a pasar. Y el empezó a depender de eso. 

Esa noche, desde la cama, abrió el chat otra vez. 

Había un audio nuevo. No lo tocó enseguida, se quedó mirándolo. Hasta que lo reprodujo. 

No se escucho nada al principio. 

Después, su voz, más baja de lo normal.

- No entres a tu casa ahora. 

Se le heló el cuerpo. 

Porque entendió que el mensaje había llegado tarde. 

Algo se movió en el pasillo.

El celular vibró. Audio nuevo.

No lo abrió. 

Igual lo escuchó. 

Su voz. 

Del otro lado de la puerta. 

-No mires.

No obedeció y miró.

Había alguien ahí. 

Alguien... usando su cara.

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