Microcuento 3
1- Quise doblar en la esquina de siempre, pero no estaba. El pasillo se alargaba marcando mis pasos. Intenté frenar pero el piso me llevó igual.
No estaba caminando. No había opciones de salida, los caminos se armaban solos.
El peso de mi mochila seguía en mi espalda, cada vez más fuerte.
Volví a intentarlo, probé salir por otra puerta pero todas hacían lo mismo, cambiaban. Siempre a un paso delante.
Nadie lo notaba. Todo parecía estar en su lugar.
No estaba perdida. Nunca hubo otro camino.
El colegio sabía donde ponerme, y yo solo tenía que seguir.
2- Caminé un rato, dejé que el pasillo me llevara. Como a todos.
Hasta que en un momento me detuve.
Pensé en salir. En intentar otra vez. En escapar.
Abrí la mochila, esperando encontrar algo. No había nada. Solo hojas. Todas iguales. Vacías. Sin nada que seguir, sin nada que elegir.
Cuando miré hacia arriba, el pasillo había cambiado nuevamente. Volví a mirar la mochila. Ya no estaba. Y supe que no iba a volver.
Ahí entendí. Nunca había tenido algo que me guiara.
Nadie parecía notarlo. Sentí un vacío raro. Como estar en un lugar al que no pertenezco.
Y me quedé ahí, perdida. Sin entender nada.
3- Caminé otra vez.
Como si nada fuera a cambiar. En ese momento me pare y abrí una puerta sin pensar.
Sin esperar nada. La abrí despacio.
Era la salida.
Pensé que afuera todo iba a ser distinto. Que iba a entender.
Dejé el colegio atrás. El pasillo, las puertas, todo.
Pero al entrar a la universidad, algo se sintió igual. El orden volvió. La misma duda.
Esa misma sensación de encajar.
Y yo otra vez...no entendía absolutamente nada. Todo comenzó de nuevo.
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